Escuché como caían sobre el tejado
Los besos que me prometiste aquella tarde,
Pero ha pasado el tiempo, mis labios arden
Y tú de mi te has olvidado.
Fueron tres las veces en las que te vi,
Muchas fueron las calles que recorrimos
Y aún bajo el sol necesité tu abrigo,
Creí que había un futuro junto a ti.
Vamos, que estoy hecho para el olvido,
No te preocupes de lo que pueda suceder
Cada noche aún recuerdo lo vivido.
Vamos, lleguemos al amanecer
Qué si el amor no es un motivo
No hay razón para desaparecer.
No es a mí al que se le queman los ojos, no, no es a mí, no soy el que es tragado por el sonido de un televisor en una habitación oscura, no soy ese al que el sonido y la marcha de la vida le atravesaron la memoria, no soy aquel muchacho que tirado en un colchón frío su corazón arrastra contra el suelo, llevo y no una herida en la memoria del color del cielo, pero no soy ese, no se fíen, no lo vean diluirse con la lluvia, no me vean tampoco a mí, no soy ese, el que tiene un poema de humo en la garganta, el que tiene un poema para su mamá, el que tiene un poema con el perfume de una cárcel perdida en la memoria, no soy ese, no puedo ser el que abre las cortinas para descubrir que no hay nada, tiernamente, no soy la mano del niño ni el golpe ni la tierra ni el olvido el más remoto olvido, mamá, mi pasado siempre será mi destino, mamá, tienes un barranco en tus ojos de allí nacieron todos mis poemas esto también se lo dije a papá en silencio alguna vez pero no me creyó, nadie me cree nunca lo que escribo, mi tristeza no es una ficción literaria mi amor no es una ficción literaria mi vida no es una ficción literaria, tengo desgastadas las encías y me pudro me pudro a diario mamá, puedo verte asomar una caricia otra caricia, un gesto un abrazo, pero mamá te acuerdas mamá de los guardias de los niños, mamá, me acuesto a dormir entre tus manos cuando estás lejos, no lo entiendo, no puedo, mamá.
No sé cómo será en otras partes pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.
Aquí se fabrican sillas y tristezas, tijeras, violines, ternura, transistores, diques, bromas, tazas.
Puede que en otro sitio haya más de todo,
pero por algún motivo no hay pinturas,
cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lágrimas.
Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores. Algunos te pueden gustar especialmente, puedes llamarlos a tu manera, y librarlos del mal.
Puede que en otro sitio haya lugares así, aunque nadie los encuentra bonitos.
Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios,
aquí tengas un torso separado
y con él los instrumentos necesarios para añadir los propios a los niños de otros.
Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.
La ignorancia tiene aquí mucho trabajo, todo el tiempo cuenta, compara, mide, saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.
Ya, ya sé lo que estás pensando.
Guerras, guerras, guerras. Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas.
Firmes- la gente es mala Descansen- la gente es buena.
A la voz de firmes se produce devastación.
A la voz de descansen se construyen casas sin descanso
y rápidamente se habitan.
La vida en la tierra sale bastante barata.
Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo. Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.
Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.
Y por si eso fuera poco, giros sin billete en un carrusel de planetas y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias, en unos tiempos tan vertiginosos que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.
Porque mira bien: la mesa está donde estaba, en la mesa una carta, colocada como estaba, a través de la ventana un soplo solamente de aire,
y en las paredes ninguna terrorífica fisura por la que el viento se te lleve a ninguna parte.
Cae
Cae eternamente
Cae al fondo del infinito
Cae al fondo del tiempo
Cae al fondo de ti mismo
Cae lo más bajo que se pueda caer
Cae sin vértigo
A través de todos los espacios y todas las edades
A través de todas las almas de todos los anhelos y todos los naufragios
Cae y quema al pasar los astros y los mares
Quema los ojos que te miran y los corazones que te aguardan
Quema el viento con tu voz
El viento que se enreda en tu voz
Y la noche que tiene frío en su gruta de huesos
Cae en infancia
Cae en vejez
Cae en lágrimas
Cae en risas
Cae en música sobre el universo
Cae de tu cabeza a tus pies
Cae de tus pies a tu cabeza
Cae del mar a la fuente
Cae al último abismo de silencio
Como el barco que se hunde apagando sus luces
Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña, ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios serán favor tan misterioso como el mirar tu sueño implicado en la vigilia de mis brazos. Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño, quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige, me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes, Arrojado a quietud divisaré esa playa última de tu ser y te veré por vez primera, quizá, como Dios ha de verte, desbaratada la ficción del Tiempo sin el amor, sin mí.
Entre el desorden de mi vida, de estas horas sin dormir que no pasan, de este pecho y este corazón anciano que vive enredado en sabanas mugrientas, entre el desorden de mi vida, de esta puesta de sol que no existe de esta enfermedad de estos ojos llorosos y esta nariz roja, rota, entre el desorden de mi vida en mi retrato en mis manos en la ausencia de mamá en la ropa vieja y la alegría, entre el desorden de mi vida pueden buscarme, arroparme de abrazos, darme el último el beso y despedirse conmigo de mi vida, entre el desorden de mi vida pueden señalarme el mar aunque este lejos porque siento como se derrama porque siento su voz elevándose atravesando la mía, entre el desorden de mi vida díganme cómo puedo comenzar a caminar otra vez, cómo puedo comenzar a amar otra vez cómo puedo jugar con el barro y mancharme el rostro, cómo puedo decir siempre sin sentirme el más culpable de los hombres, entre el desorden de mi vida hasta podrían perderse hasta podrían enamorarse, entre el desorden de mi vida no hay peso ni rastro ni horizonte ni estrellas, hay una habitación sucia un bombillo que no enciende unos zapatos empapados de lluvia, un corazón quebrado.
Ella no fue, entre todas, la más bella, pero me dio el amor más hondo y largo. Otras me amaron más; y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella.
Acaso fue porque la amé de lejos, como una estrella desde mi ventana… Y la estrella que brilla más lejana nos parece que tiene más reflejos.
Tuve su amor como una cosa ajena como una playa cada vez más sola, que únicamente guarda de la ola una humedad de sal sobre la arena.
Ella estuvo en mis brazos sin ser mía, como el agua en cántaro sediento, como un perfume que se fue en el viento y que vuelve en el viento todavía.
Me penetró su sed insatisfecha como un arado sobre llanura, abriendo en su fugaz desgarradura la esperanza feliz de la cosecha.
Ella fue lo cercano en lo remoto, pero llenaba todo lo vacío, como el viento en las velas del navío, como la luz en el espejo roto.
Por eso aún pienso en la mujer aquella, la que me dio el amor más hondo y largo… Nunca fue mía. No era la más bella. Otras me amaron más… Y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella.