PaseArte en Poesía

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95 notes

Cuando tú te quedes muda,
cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio.

Cuando tú te pongas vieja,
cuando yo me ponga viejo,
nos quedarán los labios
y el silencio.

Cuando tú te quedes muerta,
cuando yo me quede muerto,
tendrán que enterrarnos juntos
y en silencio;

y cuando tú resucites,
cuando yo viva de nuevo,
nos volveremos a amar
en silencio;

y cuando todo se acabe
por siempre en el universo,
será un silencio de amor
el silencio.

Silencio - Andrés Eloy Blanco. 

(Source: soymuchasmujeres)

10 notes

Escuché como caían sobre el tejado
Los besos que me prometiste aquella tarde,
Pero ha pasado el tiempo, mis labios arden
Y tú de mi te has olvidado.

Fueron tres las veces en las que te vi,
Muchas fueron las calles que recorrimos
Y aún bajo el sol necesité tu abrigo,
Creí que había un futuro junto a ti.

Vamos, que estoy hecho para el olvido,
No te preocupes de lo que pueda suceder
Cada noche aún recuerdo lo vivido.

Vamos, lleguemos al amanecer
Qué si el amor no es un motivo
No hay razón para desaparecer.

Sonata de reclamo - Ramón Colmenarez (via memorias-de-un-transeunte)

32 notes

doloresdepalabra:

No es a mí al que se le queman los ojos,
no, no es a mí,
no soy el que es tragado por el sonido
de un televisor en una habitación oscura,
no soy ese al que el sonido y la marcha
de la vida le atravesaron la memoria,
no soy aquel muchacho
que tirado en un colchón frío
su corazón arrastra
contra el suelo,
llevo y no una herida en la memoria del color del cielo,
pero no soy ese,
no se fíen,
no lo vean diluirse con la lluvia,
no me vean tampoco a mí,
no soy ese,
el que tiene un poema
de humo en la garganta,
el que tiene un poema
para su mamá,
el que tiene un poema
con el perfume de una cárcel
perdida en la memoria,
no soy ese, no puedo ser
el que abre las cortinas
para descubrir que no hay nada,
tiernamente,
no soy la mano del niño
ni el golpe
ni la tierra
ni el olvido
el más remoto olvido,
mamá,
mi pasado siempre será mi destino,
mamá,
tienes un barranco en tus ojos
de allí nacieron todos mis poemas
esto también se lo dije a papá
en silencio alguna vez
pero no me creyó,
nadie me cree nunca lo que escribo,
mi tristeza no es una ficción literaria
mi amor no es una ficción literaria
mi vida no es una ficción literaria,
tengo desgastadas las encías y me pudro
me pudro a diario mamá,
puedo verte asomar una caricia
otra caricia,
un gesto
un abrazo,
pero mamá
te acuerdas mamá
de los guardias
de los niños,
mamá,
me acuesto a dormir entre tus manos
cuando estás lejos,
no lo entiendo,
no puedo, mamá.

Día de la madre número diecinueve - Jesús Montoya

(via doloresdepalabra)

9 notes

casarafaelavega:

Somos victimarios 

La tragedia

la llevamos aquí en los labios.

Un murmullo

esparce te quieros en tu oído.

Mientras 

tus ojos miden la distancia

que lejos de ti he recorrido. 

Rafaela

6 notes

uminuscula:

AQUÍ

No sé cómo será en otras partes
pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.
Aquí se fabrican sillas y tristezas,
tijeras, violines, ternura, transistores,
diques, bromas, tazas.

Puede que en otro sitio haya más de todo,
pero por algún motivo no hay pinturas,
cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lágrimas.

Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores.
Algunos te pueden gustar especialmente,
puedes llamarlos a tu manera,
y librarlos del mal.

Puede que en otro sitio haya lugares así,
aunque nadie los encuentra bonitos.

Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios,
aquí tengas un torso separado
y con él los instrumentos necesarios
para añadir los propios a los niños de otros.
Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.

La ignorancia tiene aquí mucho trabajo,
todo el tiempo cuenta, compara, mide,
saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.

Ya, ya sé lo que estás pensando.
Guerras, guerras, guerras.
Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas.
Firmes- la gente es mala
Descansen- la gente es buena.
A la voz de firmes se produce devastación.
A la voz de descansen se construyen casas sin descanso
y rápidamente se habitan.

La vida en la tierra sale bastante barata.
Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.
Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.
Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.

Y por si eso fuera poco,
giros sin billete en un carrusel de planetas
y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias,
en unos tiempos tan vertiginosos
que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.

Porque mira bien:
la mesa está donde estaba,
en la mesa una carta, colocada como estaba,
a través de la ventana un soplo solamente de aire,
y en las paredes ninguna terrorífica fisura
por la que el viento se te lleve a ninguna parte.


Wislawa Szymborska

12 notes

Cae
Cae eternamente
Cae al fondo del infinito
Cae al fondo del tiempo
Cae al fondo de ti mismo
Cae lo más bajo que se pueda caer
Cae sin vértigo
A través de todos los espacios y todas las edades
A través de todas las almas de todos los anhelos y todos los naufragios
Cae y quema al pasar los astros y los mares
Quema los ojos que te miran y los corazones que te aguardan
Quema el viento con tu voz
El viento que se enreda en tu voz
Y la noche que tiene frío en su gruta de huesos

Cae en infancia
Cae en vejez
Cae en lágrimas
Cae en risas
Cae en música sobre el universo
Cae de tu cabeza a tus pies
Cae de tus pies a tu cabeza
Cae del mar a la fuente
Cae al último abismo de silencio
Como el barco que se hunde apagando sus luces

Vicente Huidobro (via librerio)

5 notes

Amorosa Anticipación.

Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta 
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña, 
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios 
serán favor tan misterioso 
como el mirar tu sueño implicado 
en la vigilia de mis brazos. 
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño, 
quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige, 
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes, 
Arrojado a quietud 
divisaré esa playa última de tu ser 
y te veré por vez primera, quizá, 
como Dios ha de verte, 
desbaratada la ficción del Tiempo 
sin el amor, sin mí.

(Source: huesodelgado)

45 notes

doloresdepalabra:

Entre el desorden de mi vida,
de estas horas sin dormir que no pasan,
de este pecho y este corazón anciano
que vive enredado en sabanas mugrientas,
entre el desorden de mi vida,
de esta puesta de sol que no existe
de esta enfermedad
de estos ojos llorosos
y esta nariz roja, rota,
entre el desorden de mi vida
en mi retrato
en mis manos
en la ausencia de mamá
en la ropa vieja y la alegría,
entre el desorden de mi vida pueden
buscarme,
arroparme de abrazos,
darme el último el beso
y despedirse conmigo de mi vida,
entre el desorden de mi vida
pueden señalarme el mar aunque este lejos
porque siento como se derrama
porque siento su voz
elevándose
atravesando la mía,
entre el desorden de mi vida
díganme cómo puedo comenzar a caminar
otra vez,
cómo puedo comenzar a amar otra vez
cómo puedo jugar con el barro
y mancharme el rostro,
cómo puedo decir siempre sin sentirme
el más culpable de los hombres,
entre el desorden de mi vida
hasta podrían perderse
hasta podrían enamorarse,
entre el desorden de mi vida
no hay peso
ni rastro
ni horizonte
ni estrellas,
hay una habitación sucia
un bombillo que no enciende
unos zapatos empapados
de lluvia,
un corazón quebrado.

Jesús Montoya

20 notes

Si supieras

letrasendesorden:

que el río no es de agua
y no trae barcos
ni maderos,
sólo pequeñas algas
crecidas en el pecho
de hombres dormidos.

Si supieras que ese río corre
y que es como nosotros,
o como todo lo que tarde o temprano
tiene que hundirse en la tierra.

Tú no sabes,
pero yo alguna vez lo he visto
hace parte de las cosas
que cuando se están yendo
parece que se quedan.

Andrea Cote.

(via blackred)

7 notes

Canción del amor lejano

Ella no fue, entre todas, la más bella,
pero me dio el amor más hondo y largo.
Otras me amaron más; y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

Acaso fue porque la amé de lejos,
como una estrella desde mi ventana…
Y la estrella que brilla más lejana
nos parece que tiene más reflejos.

Tuve su amor como una cosa ajena
como una playa cada vez más sola,
que únicamente guarda de la ola
una humedad de sal sobre la arena.

Ella estuvo en mis brazos sin ser mía,
como el agua en cántaro sediento,
como un perfume que se fue en el viento
y que vuelve en el viento todavía.

Me penetró su sed insatisfecha
como un arado sobre llanura,
abriendo en su fugaz desgarradura
la esperanza feliz de la cosecha.

Ella fue lo cercano en lo remoto,
pero llenaba todo lo vacío,
como el viento en las velas del navío,
como la luz en el espejo roto.

Por eso aún pienso en la mujer aquella,
la que me dio el amor más hondo y largo…
Nunca fue mía. No era la más bella.
Otras me amaron más… Y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

 

- José Ángel Buesa

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